Wearable Technology & Internet of Things Conference

En un plazo de entre tres y cinco años, más de la mitad de las compañías españolas ya utilizarán tecnologías disruptivas como wearables, realidad mixta e inteligencia artificial, según el panel de expertos convocado por Zerintia Technologies.

Industria automovilística, salud, banca y comercio son los sectores que más proyectos están impulsando en España dentro de la llamada industria inteligente, también conocida como Industria 4.0.

Según el panel, España ha iniciado a medio gas la cuarta revolución industrial, pero la situación está cambiando a pasos agigantados: “Estamos saliendo del laboratorio a la realidad”, afirma Alicia Asín, CEO de Libelium, quien habla incluso de la llegada de una era de datocracia.

De hecho, dentro de tres años, la tecnología wearable podría generar 34.000 millones de dólares anuales, según Forbes. Una de las soluciones con más potencial serán las gafas inteligentes, que podrían facturar 8.130 millones de dólares en 2022 de acuerdo con las previsiones de MarketsandMarkets. Y para 2025, el McKinsey Global Institute considera que el ecosistema Internet of Things, con millones de dispositivos conectados en todo el mundo, tendría un valor de 11 billones de dólares. En esta línea, según la patronal CEOE, un pacto de Estado para la digitalización en España crearía 250.000 nuevos puestos de trabajo en 2020 y contribuiría a aumentar un 3,2% el PIB.

“Muchas compañías de sectores diversos están haciendo una apuesta decidida por la innovación digital y los pilotos que se han iniciado en los últimos años están empezando a ver sus frutos”, afirma Pedro Diezma, presidente y fundador de Zerintia.

Gracias a la automatización de procesos y al análisis de datos mediante wearables y otros sensores, la Industria 4.0 puede aumentar la productividad un 30%, según datos del Observatorio de la Industria 4.0. Además, las mermas por errores logísticos o administrativos se pueden reducir hasta un 49% y la eficiencia operativa se incrementa un 82%. Asimismo, el uso de wearables como pulseras o chalecos inteligentes para la prevención de riesgos suponen un descenso del 10% en la frecuencia de accidentes laborales y del 5% en el índice de bajas y defunciones.

Sin embargo, los ponentes del panel coinciden en señalar los retos para el despegue definitivo de la tecnología disruptiva. Por ejemplo, la interconexión entre distintos dispositivos y la capacidad para analizar el gran volumen de datos que la tecnología wearable es capaz de recoger desde las líneas de producción o desde la muñeca de los trabajadores. De hecho, actualmente las compañías únicamente aprovechan el 1% de los datos que captan con Internet of Things.

La ciberseguridad y el cifrado de datos es otro factor capital. Según el Observatorio de la Industria 4.0, el 12% de las empresas españolas tuvo que detener su actividad habitual el pasado 12 de mayo tras el ciberataque de ransomware.

Otro de los factores clave para la propagación definitiva de los wearables es su aceptación por parte de los empleados. En este sentido, los expertos rechazan que la digitalización suponga una pérdida de puestos de trabajo y recalcan que la principal preocupación debe pasar por el reciclaje profesional para incorporar las nuevas tecnologías en los procesos productivos. Por ejemplo, con el uso de smart glasses para la formación de trabajadores o la resolución remota de incidencias.

 

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