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La mayoría de ellos aún están formándose en universidades o escuelas de negocios y los que ya trabajan como analistas de datos son mayoritariamente matemáticos, estadistas o informáticos.

El New York Times ya la ha definido como “la profesión más sexy del siglo XXI” y quienes ahora mismo se están dedicando a esta disciplina, basada en generar valor a partir de los datos para una adecuada toma de decisiones en los negocios, se afanan por aunar, en su persona y en su currículum, conocimientos avanzados sobre analítica y negocios con la intención de ayudar a las compañías a crecer y ahorrar costes.

Según ha explicado el CEO Borja Torres de NBT (Next Best Target), herramienta móvil para soluciones de negocio, durante un taller práctico sobre Data Science llevado a cabo junto a VASS en el Impact Hub de Madrid, “La falta de este perfil profesional está ocasionando carencias importantes en todas las compañías, ya que no tienen la capacidad de utilizar en su propio beneficio todos los datos que ya poseen de sus clientes…”.

Basta una cifra para advertir que esta tendencia no irá sino a más en las próximas décadas: en 2006 se cifraron en 0,16 zettabytes (1 zettabyte equivale a un trillón de gigabytes) los datos generados en todo el mundo y se prevé que en 2020 este volumen crezca exponencialmente hasta los 40 zettabytes.

La pregunta es entonces, ¿qué hacer con tantos datos y cómo usarlos? Torres lo tiene claro: predecir comportamientos de los clientes para que las compañías puedan crecer y, sobre todo, ahorrar costes. Esto es especialmente útil para las empresas del sector bancario, asegurador y también para las Administraciones Públicas (AAPP), ya que si se saben convertir los datos en conocimiento y, de ahí, a información de valor, se tomarán decisiones estratégicas con una probabilidad de acierto cercana al 100%.

 

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