Formación

Autora: Cristina José-Lorente, instructional designer, facilitadora, tutora online y consultora de customer experience en Buljan&Partners a BOND Company

Formar desde la libertad, el respeto y el juego, es posible

María Montessori (1870-1952) fue una pedagoga, científica, filósofa y humanista italiana que revolucionó el mundo de la educación de su época, proponiendo un modelo alternativo al convencional y que se fundamentaba en líneas generales en:

  • la autonomía
  • la libertad
  • y el respeto al ritmo e intereses de cada niña y niño

Sus investigaciones, reflexiones y su propia experiencia como educadora la llevaron a desarrollar un método pedagógico integral llamado «Método Montessori». Este método actualmente se aplica en países como Japón, Reino Unido, España y la India.

De forma resumida en este artículo, ella proponía fundamentar, observar y vivir el proceso de enseñar/aprender a través de la emoción, las experiencias, y el respeto a la individualidad de la persona.
Podríamos decir que no importa tanto qué vamos a aprender o a enseñar, sino que es más importante cambiar el punto de partida, y atreverse a:

  • aprender/enseñar jugando.
  • eliminar todo aquello superfluo que bloquee la creatividad.
  • potenciar la autonomía de la persona. Los profesores (formadores, líderes de equipo, madres, padres, familia) se convierten en guías, mentores, facilitadores e impulsores del aprendizaje.

María Montessori dejó un gran legado para todas aquellas personas interesadas en la educación, y que creen que es una potente herramienta de transformación social y de desarrollo humano.

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Comparto una de mis frases favoritas que define bien uno de mis principios fundamentales como formadora y facilitadora, y que va a guiar el sentido de este artículo: acompañar en el crecimiento.

«La primera tarea de la educación es agitar la vida,
pero dejándola libre para que se desarrolle».

Podemos ayudar a crecer a las personas de la organización a través de la formación

Es evidente que las estructuras sociales y económicas se están moviendo a gran velocidad. A su vez, más que nunca, tenemos un gran acceso al conocimiento y a la información. Desde el año 1980, hemos vivido en el llamado mundo VUCA (acrónimo en inglés para un escenario global que es Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo). Tras la crisis sanitaria del Covid19, se empezó a hablar de un nuevo escenario que describía la situación actual, nuestro estado emocional y las conexiones casuales: el mundo BANI (acrónimo en inglés para Frágil, Ansioso, No Lineal e Incomprensible).

Ante este mundo caótico que tenemos enfrente, a las organizaciones se les plantea la necesidad de adaptarse y evolucionar para mantenerse presentes en la mente de los clientes, y poder seguir aportando valor a la sociedad. Es aquí donde aparece la necesidad de contar con profesionales que puedan hacer frente a estos retos, con nuevos conocimientos, habilidades y comportamientos. Una excelente manera de lograrlo y de energizar el compromiso con el propósito de la organización, es a través de la formación corporativa.

Un programa de formación diseñado desde la realidad y las necesidades de las personas que van a recibir la formación, puede convertirse en una poderosa herramienta de transformación cultural. Además de influir positivamente en los procesos de cambio y en el desarrollo humano de las personas profesionales que componen las organizaciones. Pero en estos ecosistemas diversos y complejos que son las empresas, surge una pregunta: ¿Cómo creamos formaciones que logren conectar la razón y el corazón de la variedad de personalidades, necesidades, expectativas e historias únicas que conviven? Desde mi punto de vista y mi experiencia, en primer lugar, debemos entender el conocimiento en las organizaciones como el alimento esencial para convertirlas en entornos saludables, competitivos, atractivos y generadores de innovación. En segundo lugar, debemos saber qué conocimiento se necesita en ese momento y entender que debemos estar en aprendizaje continuo. Y por último, debemos digerirlo correctamente y convertirlo en nutrientes que circulen y se integren en toda la organización.

Crear experiencias de aprendizaje

¿Cómo podemo hacerlo? Mi propuesta es empezar con una comprensión profunda de la realidad de las personas destinatarias de la formación. Tal vez necesiten actualizar su conocimiento sobre algún proceso, sensibilizarse sobre el impacto de sus decisiones en la experiencia del cliente o en el caso de los líderes, encontrar maneras diferentes de impulsar la creatividad en su equipo. Preguntémosles qué necesitan, en qué querrían formarse para entregar una experiencia de cliente mejor, qué les interesa más.

corporativa

Sea cual sea la realidad y la necesidad formativa, animo a que se tengan en cuenta los principios y enfoque del “Método Montessori” en la formación de adultos, para crear experiencias de aprendizaje donde las personas participantes sean las protagonistas de principio a fin.

  1. Pongamos el foco en el alumno/a. Es nuestra prioridad y es nuestro cliente. ¡Emocionémosle!
  2. Diseñemos formaciones donde los profesionales se puedan sentir seguros para mostrarse a los demás a través de la reflexión, la cooperación, la co-creación, el juego y la libertad de ser quienes son realmente.
  3. Usemos metodologías sencillas, eficaces y creativas. Menos es más.
  4. Contemos con equipos de formadores que sean capaces de dejar a un lado su ego y pasar a un segundo plano para convertirse así en facilitadores del aprendizaje. Deben impulsar, motivar, acoger y cuidar a los participantes. Se trata de una figura clave en el éxito de la formación ya que deben ser personas que disfruten enseñando y aprendiendo, que sean agentes de cambio y que hagan del conocimiento, algo accesible y útil para cualquier persona
  5. Creemos contenidos estructurados, con objetivos muy claros, con sentido y que sean útiles y aplicables de verdad al lugar de trabajo.
  6. Evaluemos los resultados e iteremos tantas veces como haga falta hasta lograr una propuesta formativa que ayude a alcanzar los objetivos, a aprender haciendo y a aprender pensando.

Una formación corporativa bien pensada, planificada y ejecutada con pasión, humildad y visión holística, va a generar sin duda alguna, cambios positivos en la organización.

Tan solo por mencionar algunos beneficios:

  • mejora de la experiencia del cliente al contar con profesionales con más recursos y al día respecto a las tendencias y novedades.
  • incremento de la generación de propuestas de mejora e innovación porque se generan espacios de crecimiento, de reflexión y de estar siempre en modo Beta.
  • fidelización y atracción de personas talentosas al saber que se pueden desarrollar, crecer y repensarse tantas veces como sea necesario.
  • crecimiento de la organización al mejorar la coordinación y la comunicación interna, la productividad y la competitividad.
  • refuerzo y más energía hacia el propósito y los valores corporativos.

La formación corporativa merece tener una posición relevante en la estrategia.

Las personas que estamos vinculadas y que disfrutamos formando y facilitando, ¡tenemos una misión!:
Sumar para que la formación corporativa no sea vista como una pérdida de tiempo y una obligación sino como una oportunidad de ampliar el conocimiento y las habilidades, de mejorar la operativa, las soluciones que se ofrecen al cliente y la manera de responder a los retos que el mundo BANI nos está trayendo.

En definitiva, sumemos para que sea una experiencia donde jugar, emocionarse y ampliar horizontes.

Imágenes del artículo: Foto de Jason Goodman en Unsplash, Fotografía cedida por Cristina-José Lorente, Fotografía de Ady April en Pexels, Fotografía de Anna Shvets en Pexels