robot

Cuando tenemos una pregunta sobre algo vergonzoso o profundamente personal, muchos de nosotros no recurrimos a un familiar o un amigo, sino al buscador de referencia: le hacemos nuestras preguntas a Google.

Mientras millones de nosotros buscamos respuestas a preguntas, cosas para comprar, comer o sitios para encontrarnos con los amigos, nuestras búsquedas producen un mapa de nuestras esperanzas, miedos y deseos colectivos.

Confesor, médico y secretario personal, con el que las personas se sienten incluso más cómodas para contar ciertas cosas que quizás no le cuentan a nadie más: sus intereses sexuales, sus problemas de salud, sus inseguridades. Utilizando estos datos anónimos agregados, se puede aprender mucho más sobre las personas que incluso conociéndolas personalmente.

Si extraemos datos de Internet descubriremos una historia muy interesante. Los datos online permiten, por ejemplo, predecir la tasa de desempleo semanas antes de que el gobierno publique estadísticas oficiales; y para descubrir los prejuicios inconscientes, o no tan inconscientes, que algunas veces negamos tener.

Se extraen grandes datos para comprender verdades importantes. Las empresas ya usan big data para predecir nuestro comportamiento, desde si pagaremos un préstamo hasta qué películas veremos el fin de semana. Estas nuevas formas de conseguir datos tienen un valor enorme, ya que nos entienden mejor que nosotros mismos, o mejor dicho, desvelan comportamientos que no queremos contar a cualquiera, y menos a las marcas. Cada vez hay más ojos puestos en nosotros como usuarios.

Robots reales vs ciencia ficción

Si habéis visto la serie de televisión Westworld, o la película Blade Runner, ya sabéis a lo que nos referimos. Un hombre llamado William acaba de llegar a Westworld, una especie de parque temático del salvaje oeste donde las personas pueden interactuar con robots humanos.

Al ver a una chica, que se ve y se oye 100% humana, le pregunta a su amigo: «¿Es ella real?» Su respuesta: «Si no puedes saberlo, ¿acaso importa?»

Las personas han estado luchando con esta pregunta desde incluso antes de los primeros autómatas. ¿Qué significaría tener máquinas que son esencialmente como nosotros? ¿Los robots alguna vez se convertirán en seres totalmente conscientes? ¿Algún día podrían hacernos a nosotros, sus creadores, obsoletos? Sin embargo, aunque la realidad es mucho menos extravagante, de momento, sí estamos viviendo una época clave en el desarrollo de la IA y la tecnología. Poco a poco vamos formando una nueva sociedad acostumbrado a convivir con robots, no como los de Westworld o Blade Runner, pero robots al fin y al cabo.

Nuestra fascinación por la sensibilidad del robot, material muy rico para los escritores durante años, puede llevarnos a pasar por alto una pregunta más profunda e igualmente intrigante: ¿podrían los robots cambiar la forma en que los humanos se relacionan no con los robots… sino con otros humanos?

Imágenes del artículo: shutterstock

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